sábado, 27 de julio de 2013

Un cuento: Cosas extrañas


Cosas extrañas

 

 de mítzar brown


 

Hace mucho tiempo que no podía hacer lo que acabo de hacer: ponerme la pijama varias horas antes de que el sol se vaya o de que acabe el último noticiero de la noche. Y es que hace tanto frío que antes de que la temperatura limeño-chalaca baje más me puse a buen recaudo enfundándome en la abrigadora ropa de dormir, medias y bufanda incluidas. Todos aquí han salido, y sola con mi alma me he dado cuenta de que no hay nadie más en todo este pequeño edificio de tres pisos. Los vecinos del segundo piso se marcharon hace una semana, los echo de menos. Y el vecino del primer piso aparece de vez en cuando, eso no me importa mucho. Para hacerme un poco de compañía voy a "inventarme" una nueva familia inquilina para el piso del medio: acaban de llegar!!!, con sus pocas pertenencias a cuestas, pocas maletas, pocos muebles, poco de todo. Y un gato!!!, ya sé a quién no le va a gustar ese gato. Nuestra siberiana Ártika va a parir en pocas semanas, dos quizá, y ya está inquieta por causa del nuevo vecino felino...

Durante las últimas dos semanas estuve pendiente de los sucesos en el piso del medio. Los nuevos vecinos apenas si hicieron algún ruido para acomodar sus pocos muebles. Acostumbran dejar media hoja, de la puerta principal, abierta. De tal manera que, cada vez que paso por el descanso de la escalera un leve ruido  me atrae. El primer día, a pesar de la intriga, evité mirar hacia el interior. Dos días después me animé a echar un vistazo: noté que la sala estaba casi vacía. Solo una pequeña mesa que, ubicada cerca al balcón, soportaba estoica un enorme libro, me decía que mis nuevos "inventados" vecinos aún estaban ahí, que no se habían marchado. La mampara del balcón permanecía abierta y dejaba que el aire jugara libremente con las hojas del gran libro produciendo aquel leve pero continuo ruido que llamó mi atención...

He estado intrigada con la actitud de mis nuevos vecinos, casi no se dejan oír, mucho menos ver. Esta madrugada desperté por causa del ruido de la mampara principal, es corrediza y con un pesado juego de puertas de fierro, extra, detrás de las de vidrio pavonado. En el silencio de la noche el ruido al correrlas es mayor, ¡y esta vez mucho más! como con furia. Me incorporé rápidamente, me eché una bata gruesa encima y sin pensarlo casi me acerqué al piso inferior. Aún desde la escalera vi, ayudada por la luz del alumbrado público que entraba por el balcón, que el pesado libro casi yacía semi destartalado sobre el piso de parquet. Me acerqué a la entrada... En el balcón, el gato erizado trataba de lanzarse al primer piso. La mampara estaba completamente abierta, como la principal. Vi al gato lanzarse y trepar raudo a un árbol del parque, en busca quizá de algún polluelo indefenso, y a un centenar de aves huir. Al ver la sala vacía me he preguntado dónde estarán los pocos muebles que vi llegar, en qué habitación dormirán sus dueños, cuántos serán en esta familia... no sé, nunca, en estas dos semanas y algo más, lo supe. Ahora, eso me preocupa. Para qué imaginé, afectada por la soledad, a mis nuevos vecinos, si iban a ser tan huidizos, ¿para qué...? Ha empezado a aclarar el día, debe ser más de las seis. El dueño del edificio vino el sábado que pasó y colocó un gran aviso de alquiler. Durante ese día y los dos siguientes mucha gente diversa, de la más normal y de la más extraña, vino a indagar por el piso. Por fin parece que habrá inquilinos reales y sin misterios, y aquellos que traje a que me hicieran compañía tendrán que ser devueltos a su mundo irreal...

¡Llegó el día! Las últimas semanas la rutina continuó inalterable; salvo el gato que asomaba de vez en cuando al balcón para sus raudas escapadas, no se oía el trajinar propio de una familia. De cualquier manera, la idea de que estuvieran ahí, en el piso del medio, me sirvió de compañía. Ártika, la única que al parecer había notado la llegada de nuestros inventados vecinos, no puso interés en ellos, ni siquiera en el gato que maullaba cada vez que volvía de sus salidas para que alguno de sus amos le abriera la mampara. Ella lo oía y, entretenida como andaba en su interminable falsa preñez, alzaba las orejas para confirmar lo escuchado y, enroscada, continuaba durmiendo.

Un día, preocupada por el enorme libro que había visto yacer en el piso del medio, bajé a indagar sobre él. Tuve suerte, la puerta principal estaba abierta. Vi a una mujer de amplias polleras sentada, sobre sus talones, en el piso, al lado de la mesita y del libro que seguía semi destartalado en el suelo. La mujer, con los ojos cerrados, tenía las manos abiertas y con las palmas hacia abajo. Las tenía suspendidas muy cerca del suelo en el que lucía un círculo formado por piedrecitas de canto rodado de colores rosas, verdes, blancos y negros. Colores que en diversos tonos, eran  más encendidos unos, más tenues otros. Las piedras parecían decirle a aquella mujer algunas cosas importantes que  ella iba murmurando. Un hombre con pantalones anchos suspendidos por tirantes salió del fondo del pasillo portando dos cajas de regular tamaño que colocó cerca de la entrada. Un niño con sombrero de copa alta ordenó las hojas del enorme libro y dejó a este lo mejor que pudo, eso me tranquilizó.

 El sonido de un motor en la calle me animó a dar un salto al interior de esa sala ajena, me asomé al balcón y vi un pequeño camión, el mismo que llegó con mis nuevos inventados vecinos hace ya un mes. Entendí que se preparaban a marcharse. Quizá las piedras le decían a aquella familia acerca del nuevo rumbo de sus extrañas vidas.  Salí de ahí tal como entré, sin ser notada. Desde mi balcón vi con tristeza como subían sus pocos muebles, sus pocas cosas, tan pocas que el camioncito era casi innecesario. Los amos, el niño y el gato se acomodaron en la cabina al lado de un conductor  barbudo. Vi  la marcha extraña de un Ford de los años treinta que iba de un lado a otro como sorteando  baches sobre un camino de adoquines de épocas lejanas. Una leve llovizna y un extraño arco iris antes de despedirse el sol hicieron inolvidable ese momento. Volví al interior…, sobre la mesa del comedor reposaba íntegro y abierto el enorme libro de mis amigos, lleno de láminas de dibujos de tonos sepia, dibujos que cuentan de los caminos de estas gentes llenas de fábula y encanto. Lo he puesto en mi biblioteca. Solo Ártika se acerca de vez en cuando a olfatearlo, parada en dos patas.

domingo, 27 de enero de 2013

de cara'l mar de mis amores

  de cara'l mar de mis amores

suave'stival brisa y, 
            como brasas
arde'l astro sobre la piel y,
            ¡no!
nunca'stá quieta l'arena
            ¡ay!
duele'l recuerdo, cuando...  al

romper l'ola vuelve,
            cuando,
arena y agua se van...


mítzar

sábado, 4 de diciembre de 2010

Cuando duelen los porqués...

Cuando duelen los porqués...
para y por Sandra
(mítzar brown abrisqueta)
Enrollada en mí misma,
como un feto...,
voy hacia lo prístino
y no hallo respuesta.
Mi voz me dice
¡más atrás!
Y más atrás está el génesis
hecho un nudo en sí mismo
buscando su propia respuesta.

martes, 5 de octubre de 2010

...barquitos de papel, una anécdota.

¿te acuerdas?

...barquitos de papel, una anécdota

para sandra

por mítzar brown abrisqueta

... hicimos barquitos de papel. Apostamos a quién hacía el más pequeñito. Y tú ganaste. Lupa y pinzas en mano, corriste al escritorio del abuelo, tu abue querido, e hiciste, feliz, un diminuto barquito que nos mostraste orgullosa cuando volviste al comedor, donde estábamos todos afanados en 'construir' el nuestro. Y nos reímos mucho, a carcajada limpia, como tanto te gustaba hacerlo, y comparamos, nerviosos, nuestros logros. El tuyo lucía bellísimo, imponente en su pequeñitud, sobre la yema de tu índice derecho, que hacía las veces de calmo mar.
No era la época de las cámaras digitales ni de los celulares con cámara..., no hay pruebas de tu pequeña proeza, una de muchísimas, pero tenemos las imágenes de ese día grabadas en la memoria.

martes, 25 de mayo de 2010

Tus dedos entre los míos

de mítzar brown abrisqueta
para Fernando
...tengo entrelazados tus dedos a los míos
y mientras discurres por la vida con siempre en mis manos las tuyas,
oigo el ruido del motor del auto que aún no es tuyo,
porque va mutando entre un peugeot beige y un datsun azul de tus recuerdos,
y escucho el rechinar de las llantas, pegado al ruido inconfundible de tus pasos seguros,
y veo las Ruedas acumuladas sobre la cómoda,
las zapatillas gastadas y los jeans deshechos uno sobre otro,
cables, cargadores, cámaras, piezas sueltas, papeles sin sentido,
las sábanas en desorden, de cada mañana,
la almohada enroscada...
... y un recuerdo en tu alma que te prende de la infancia,
y acumulas vivencias, que guardas celoso, para revivirlas en mi oreja cada vez que la emoción te llama...,
y está Sandra,
nuestra Sandra,
Sandrita de todos, de todos, de todos...
que hoy somos ecran y audio
de su sonrisa y sus
risas,
risas que ríen
con su misma risa cantarina, en ecos interminables
alegrándonos el momento y jalándonos al pasado para no olvidarla,
y tú la traes a mi memoria y a la memoria de todos
cuando re-cuentas nuestras acciones de personajes de historias felices que tornas imperecederas... .
Cuéntamelas siempre, siempre, siempre,
para saber siempre cuán felices fuimos,
para saber nuevamente y nuevamente y nuevamente
de los paseos al campo y a las arenas acogedoras de las playas del sur... .

lunes, 17 de mayo de 2010

...desde el sofá

por mítzar brown abrisqueta
...desde el sofá
(para arturo)
Confundidos entre las ramas
los pájaros quietos están ocultos a la mirada fugaz;
detente y mira aquello
que parece movido por el viento,
es el ala derecha de un ave que se despereza
para volar en la mañana fría;
otras,
como ella,
hacen lo suyo:
se sacuden,
se despiojan,
miran hacia abajo
en busca de una ramita delgada para preparar el nido...
o en busca de un posible gusano para alimento de la cría que anidan.
Las veo desde mi sofá.
Las altas copas...
¿se confabulan con ellas en su afán de ocultarse?
o son ajenas a ello
y solo se mecen
ociosamente...
al compás del leve vientecillo
que agotado de haber soplado en la noche
ahora intenta reposar
y recuperar fuerzas
para en el siguiente ocaso batir con furia las aguas del mar...
del mar que hoy estará de luna llena
de noche clara
de noche misteriosa
como las aves pequeñas ocultas al ojo del águila
que ronda cada mañana y cada tarde,
admirada por ti...
desde el otro sofá.

viernes, 10 de abril de 2009

Tiempo

Tiempo
de mítzar brown abrisqueta
No es tan solo el cumplir los años,
es que ellos nos cumplen... y
se les hace pesada la carga,
difícil,
como se nos parece pesada...
como se nos parece... en nuestras deformidades,
en nuestros ya continuos olvidos,
en la cortedad, en lo no realizado, en la pena, en los recuerdos lejanos que...
nos dan ilusión de tiempo.
Somos una partecita efímera del tiempo mismo
que nos contiene,
nos cumple,
y luego nos guarda
en el saco de su pasado,
en la memoria de sus hombres continuos como el tiempo,
continuos cíclicamente,
en el constante
nacer,
crecer
y morir...
(¿aún no has leído a blanca?)
...por eso,
como no cumplo,
me cumplen los años, el tiempo.
Soy doblemente efímera:
en mi pequeño tiempo
y en el tiempo mayúsculo.
Mi tiempo se cumple inexorable;
el tiempo nos cumple infinitamente.
Nos cumple y nos guarda celoso
en el saco de su pasado y...
desde allí trascendemos
cada vez que la memoria nos llama
como [a] las magdalenas que evocó proust.
(escrito el 25 de julio de 2004)